Sin Medias Tintas

El populismo.

Omar Alí López /    2018-03-12
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¿Quién conoce los intereses y las aspiraciones del pueblo en un país democrático? Nadie más que el mismo pueblo lo sabe. Sin embargo, a lo largo de la historia se han encontrado personajes que supuestamente han sido capaces de traducir los deseos del pueblo.

Lo que estos personajes dijeron en su momento fue lo que el pueblo quería escuchar y por consiguiente fueron seguidos hasta el final, aunque dicho final no fue para nada lo ofrecido en los discursos.

Esa es en sí la esencia del populismo: Decir o prometer lo que la gente o el pueblo quiere escuchar.

El ejemplo más reciente lo obtiene usted de Hugo Chávez y su famoso Movimiento Bolivariano Revolucionario 200, que obligaron a Venezuela a darles participación a los partidos políticos de izquierda después de un fallido segundo intento de golpe de Estado en 1992.

Pese a todo, Chávez regresó por las vías institucionales democráticas y obtuvo la Presidencia de Venezuela en 1998… pero ya con poder, todo se descompuso.

Chávez modificó la Constitución para permitirse la reelección, se enfrentó a la Iglesia, nacionalizó empresas y un sinfín de equivocaciones más, llegando incluso a decir en un famoso discurso: “pero estoy convencido que el único que puede gobernar este país en este momento histórico que estamos viviendo, se llama Hugo Chávez Frías”.

Así funciona y ha funcionado el populismo en el mundo. El pueblo se ciega ante las promesas de los dirigentes, con la esperanza de alcanzar un bienestar o ver una situación diferente a la que ven todos los días.

Y si bien las cosas en México pudieran ser similares a las de Venezuela, la frustración del pueblo mexicano marca la diferencia. Mientras que allá la izquierda utilizaba el hambre como bandera, aquí lo es el combate a la corrupción y la impunidad. El pueblo está cansando de escuchar las historias de corrupción y ver que los políticos no reciben castigo alguno por sus conductas inadecuadas, mientras que personas de la tercera edad son desalojadas de su casa por no poder pagar un crédito.

El populismo ha sido, es y será una alternativa para hacerse del gobierno, el inconveniente se presenta después, en el momento que toman conciencia de ese poder alcanzado. Si no me cree, revise la historia de Hitler y Mussolini; son muy ilustrativas.

No hay que confundir la ideología de izquierda con el populismo. Se puede ser de izquierda y no ser populista, o viceversa.

Desde antes del 2010, muchos países de Suramérica han sido producto de la Marea Rosa (Movimientos hacia la izquierda: Turn to the left), donde sus políticas económicas se han inclinado hacia la izquierda, pero moderadamente, tales como Evo Morales (Bolivia), Rafael Correa (Ecuador), Lula da Silva (Brasil) y Daniel Ortega (Nicaragua). La cuestión es que hasta la fecha, en ninguno de esos países se cuenta con algo positivo digno de presumirse.  

Creo que debemos tener cuidado con el populismo. Por supuesto que el combate a la corrupción y a la impunidad en nuestro país puede conducir a la frustración, pero creo que el riesgo de perder es mayor si aceptamos promesas a ciegas. ¿O es acaso que hemos llegado al nivel de que no nos importa lo que pase, sino lo importante es que pase algo?


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