Rastrillando

El descubrimiento del hilo negro…

Mario Munguía Murillo /    2018-07-30
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Corría el año de 1972, cuando llegó a Sonora lo que hoy conocemos como Centro-INAH, que actualmente ocupa la antigua penitenciaria de Hermosillo, la de piedra, la que está en el barrio de la Matanza, en el Cerro de la Campana. Inicialmente, estuvieron en el segundo piso del edificio Museo y Biblioteca, arriba donde estaba Estelita, la encargada de la biblioteca central de la Unison. Todo gracias a la gestión de Manuel Robles Ortiz y Francisco Manzo Taylor, quienes estaban al frente del Museo Regional de la Universidad de Sonora.

De México, llegaron Arturo Oliveros y Beatriz “Tita”Braniff, ambos arqueólogos; Mario Moreno Gil y yo, éramos una especie de mil usos, lo mismo dibujábamos iglesias que arquitectura local, cargábamos cajas, limpiábamos las oficinas, etcétera. Lo siento, por el momento no recuerdo los otros nombres que ayudaron a “Tita” y Arturo.

Manuel Robles Ortiz, fue el guía arqueológico, pues si alguien conocía el territorio sonorense fue precisamente Manuel.

Llegaron en febrero, si mal no recuerdo. Desde el primer momento, Arturo se interesó por el Valle de Cocospera y, en diciembre del ’72, fuimos hacer el primer campamento –por parte del Centro-INAH, pues ya habían trabajado en él,  Charles Polser, James Officer y otros-  donde se hizo un levantamiento superficial, excavaciones de donde se recolecto material, desde fragmentos de puntas de flecha hasta trozos de cerámica policromática –según Arturo, era inglesa- y local, tanto al interior de la iglesia como su perímetro habitacional.

Se realizó una serie de fotografías de todo el edificio que compone la iglesia, además, se hicieron los dibujos arquitectónicos a detalle y a escala tanto de la iglesia como del perímetro habitacional. Hasta aquel momento -1972-, la iglesia conservaba mucho que se podía rescatar.

Se habló de hacer algo similar a lo que se hacía en Casas Grandes, Arizona, pero por lo pronto, había que detener la caída de la fachada de ladrillo y, así se hizo. Aún se conserva la estructura metálica (andamios) que se puso con presupuesto asignado por el gobierno del Estado y la dirección de monumentos Históricos con sede en el deefe.

Arturo y “Tita” se fueron de Sonora y sus proyectos quedaron en el archivero de sus oficinas.

Hoy, a 46 años de distancia, casi medio siglo, dice el Boletín N° 17/ 238 del 24 de julio de 2018:

“INAH desarrolla nuevo proyecto de conservación para la Misión de Cocóspera

*** Es de los pocos sitios que conservan testimonios físicos de la arquitectura jesuítica en la Pimería Alta, última región evangelizada en Sonora

*** La lucha por mantener en pie los frágiles vestigios de adobe y ladrillo ornamentado con yeso y pintura mural, comenzó cuando se fundó el INAH en esa entidad”

Cuando se habla de “nuevo proyecto”, me pregunto: ¿Por qué no dar crédito a aquellos que los iniciaron? Y no solo en este tema, si no en todos los relacionados con la antropología e historia.

Continua el boletín: “¿Diagnósticos? Desde aquel año se han hecho muchos por arquitectos especializados. Así como intentos por frenan los daños. Luego de que el INAH desarrolló hace 10 años el primer proyecto de largo aliento, multidisciplinario y que marcó las directrices generales de conservación, siendo la más importante la colocación de una techumbre sobre el área del altar mayor, con resultados favorables para la conservación; en 2017, el Centro INAH Sonora inició un nuevo proyecto integral que dará continuidad al anterior, esta vez a ejecutarse en tres etapas, previstas de 2017 a 2025”

Han pasado 46 años, insisto, y en aquel momento, se habló de aplicar las “técnicas” de Casas Grandes, Arizona que, consisten precisamente en “la colocación de una techumbre sobre el área del altar mayor, con resultados favorables para la conservación”.

Según el boletín, las ejecutaran en tres etapas y, tendrá que pasar otro cuarto de siglo que sumaran 71 años para “terminarlas”.

Todo es por primera vez, nadie ha descubierto nada,  hasta la llegada de los nuevos arqueólogos; lo que hizo Arturo Oliveros no cuenta, no existe.

Igual, dice el Boletín N° 108 del 27 de marzo de 2018:

“La catalogación de los monumentos históricos representa, en síntesis, la elaboración de fichas con información recuperada durante extensas investigaciones sobre cada inmueble con valor legal, que ayudarán a prever y proyectar de mejor manera planes y programas de trabajo para la conservación de ese patrimonio.

El INAH se ha dedicado a trabajar en el patrimonio edificado y su catalogación, teniendo como resultado más de 117 mil fichas de monumentos históricos en todo el país. En el caso de Sonora, se realizó una primera catalogación en 1986, que arrojó datos usados principalmente con fines académicos, por lo que no se obtuvo una información integral en los registros”.

O sea, de nada sirvió el trabajo de un año, donde cinco grupos de 5 personas –arquitecto, ingeniero civil e historiadores- recorrieron toda la geografía sonorense bajo la dirección de Marcela Lombardo y el arquitecto Adolfo García, ambos del INAH, y cuyo resultado fue: miles de fotografías, levantamiento de planos arquitectónicos, información histórica de cada inmueble y, situación en que se encontraban legal y físicamente. No es pregunta.

Y así como esto, hay varios temas.

Pero mejor a’i se las dejo. Esta si es pregunta: ¿Quién es el peor enemigo de Morena? Usted tiene la última palabra…¡¡¡SARAVAH!!!

mtesota@gmail.com

@mariomunguia8

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