Cananea, lo que el viento regreso

Marco Antonio Andrade Aguirre / andrade.aguirre@hotmail.com   2018-12-03
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Napoleón Gomez Urrutia regreso a méxico, después de un singular autoexilio de 12 años en Canadá, con tres objetivos políticos y una obsesión personal; obtener fuero como senador de la república, reorganizar al sindicato minero nacional para recuperar los contratos colectivos de trabajo y asumir el liderazgo de los trabajadores de la industria minera y, muy especialmente, cobrar una factura personal a Grupo México de Germán Larrea.

 

Ninguna es más importante que la otra, pero la de mayor satisfacción es, sin duda, cobrar la factura pendiente a quienes Napoleón considera, con justificada razón, los responsables de su ostracismo en Vancouver. La acusación de fraude al sindicato la denuncio Grupo México.

 

La ilimitada capacidad financiera y el poder de influencia de Grupo México, demostrados desde la compraventa de la empresa y la manipulada declaratoria de quiebra en 1989, aunadas a la inexistencia de huelgas, terminación del histórico contrato colectivo de trabajo, liquidación total de trabajadores sindicalizados, protección gubernamental por el accidente de pasta de conchos donde murieron 65 mineros, resguardo de las instalaciones por el ejército, custodia permanente de la mina de Cananea por la policía federal, incluyendo la increíble impunidad por el desastre ecológico del rio sonora el 2014, hicieron posible no únicamente el destierro de Gomez Urrutia, sino la pérdida del máximo patrimonio social de los trabajadores mineros y sus familias que desde 1961 representaba el mejor contrato colectivo de trabajo de los sindicatos mineros en el país.

 

De allí la férrea postura de dignidad de los trabajadores sobrevivientes al despojo sindical ocurrido en abril del 2009 cuando, por la evidente influencia de GM ante autoridades y tribunales laborales, perdieron el contrato colectivo, mismo que ahora se proponen recuperar esperanzados por el inicio de un nuevo régimen, pero sobre todo, fortalecidos por el inusitado regreso y la presencia de Napoleón como senador. La ecuación del conflicto cambio.

 

Es indudable que soplan vientos de cambio a favor de los trabajadores mineros, aunque algunas empresas escuchan tambores de guerra. Lo importante es el advenimiento de un cambio sustancial, como ya se visualiza con reformas de fondo a la ley federal del trabajo para revertir el favoritismo empresarial de las modificaciones laborales del 2015.                         

 

Es lógico suponer entonces que la nueva correlación de fuerzas en el país, donde el incipiente liderazgo sindical de Gomez Urrutia será determinante para el presente y el futuro de la sección 65 de Cananea y el conjunto del sindicato minero nacional, permitirá la legítima aspiración de los trabajadores agraviados por Grupo México para recuperar sus derechos y la titularidad del contrato sindical. La paciencia y persistencia dan resultados, dicen.

 

Cananea representa el conflicto laboral más prolongado de la historia sindical de méxico.

 

Es indudable que a los trabajadores despedidos y liquidados a fortiori se les ha negado el respeto a sus derechos adquiridos, a la seguridad individual y colectiva en el trabajo, a su autonomía y libertad sindical, a una indemnización justa, a la salud y protección social familiar, previstos todos como derechos humanos de carácter laboral por diversos tratados internacionales.

Resulta incuestionable que el gobierno de tres presidentes y dos partidos diferentes, la secretaria del trabajo, las juntas federales, los jueces de distrito y los tribunales colegiados, incluyendo a los últimos gobernadores, violentaron los derechos humanos de los trabajadores mineros de Cananea, como en su momento también ignoraron los daños ocasionados, los riesgos y la vulneración de los derechos a la vida y la salud de los habitantes del rio sonora.

 

A los trabajadores de Cananea, igual como ocurrió con la pérdida de otros ocho contratos colectivos del sindicato minero ocurrida entre 2007 y 2009 frente a Grupo México, no únicamente se les arrebato su contrato colectivo, sino que además, les infringieron en su perjuicio los principios fundamentales del respeto a la dignidad humana del trabajador y la interpretación preferente de las leyes previstos por los artículos 2, 6 y 18 de la Ley Federal del Trabajo y diversos criterios de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

 

Además, y considerando que el problema de Cananea tiene su origen en la huelga iniciada el 30 de julio del 2007, ninguna autoridad ha reparado que en los últimos 11 años dicha arbitrariedad cometida en contra de 1,200 trabajadores, también representa una transgresión sistemática a la Declaración Universal de los Derechos Humanos,  así como a la Convención de la Organización Internacional del Trabajo; al Pacto de Derechos Civiles y Políticos; a la Convención Americana sobre Derechos Humanos o Pacto de San José; y al Pacto de Derechos Económicos, Sociales y Culturales que consagran los derechos esenciales, de carácter universal, a favor de los trabajadores, sin importar país ni nacionalidad, entre otros.

 

Por eso la validez de la exigencia del dirigente sindical Sergio Tolano que durante años ha  pedido respeto por los derechos de los trabajadores, invocando la máxima del genio de Tréveris quien decía que “el obrero tiene más necesidad de respeto que de pan”.                                        

 

En ese contexto, y dada la agenda de afrentas entre Napoleón, Grupo México y miles de trabajadores despedidos o despojados de sus contratos colectivos, como sucedió en Cananea, Nacozari, Taxco, Guerrero, Sombrerete en Zacatecas y Nueva Rosita en Coahuila, existe la posibilidad que en lo inmediato surjan nuevos conflictos por la titularidad de dichos contratos, donde aparecerán a fuego cruzado otros sindicatos como la CTM, que si no se opera con la oportunidad y las habilidades políticas requeridas por el nuevo gobierno federal, estamos en la antesala de un complejo problema sindical-empresarial y político que pondrá a prueba la inteligencia y las capacidades conciliatorias de la novel secretaría del trabajo.

 

Abrir la negociación de los conflictos sindicales mineros es tan delicado como no hacerlo.

 

Aunado a que los temas de reformas laborales de Napoleón, como la eliminación del outsourcing, supresión de contratos de protección, cancelación de la concesión minera por afectación ambiental o social, pago de utilidades, salarios caídos íntegros por duración de juicios, entre otros, son dinamita pura para los grandes corporativos como Grupo México, pero que, en caso de estallar, impactaran a las empresas mineras canadienses y podrán hacer estragos en la inversión extranjera en otros rubros. Es necesario afinar la puntería o evitar balazos al aire. Reestructurar el 123 constitucional y la ley laboral, no será un día de campo.   

 

En tal sentido, Cananea es una asignatura prioritaria de Napoleón para legitimarse en el cargo, mientras que los extrabajadores mineros tienen la necesidad existencial de reivindicarse en sus derechos sindicales, como la misma expectativa tenemos 30 millones de ciudadanos que votamos por la transformación real del país. Cananea representa pues el riesgo inmediato de convertirse en la chispa involuntaria que encienda la pradera. Salud.


andrade.aguirre@hotmail.com

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