El fin justifica los medios

Arturo Soto Munguia /    2019-12-02
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A un año de inaugurada, la cuarta transformación no podía darse el lujo de mandar un mensaje de erosión del bono democrático, del natural desgaste de todo gobierno en ejercicio, de la debilidad que comienza a permear y que afortunadamente para el nuevo gobierno, no encuentra cauces en una oposición que aún carga la pesada losa del desprestigio.

 

Por el contrario, el mensaje a enviar con la concentración en el Zócalo capitalino era el de fuerza, de unidad, de potencia, de legitimidad popular. Sobre todo en estos momentos, cuando no se disipa del todo el humo del ‘culiacanazo’ y resuena en el país los rezos de los novenarios por el asesinato de tres mujeres y seis niños en Bavispe, entre otros episodios que a fuerza de repetirse (como en Villa Unión, Coahuila, con su saldo de 21 muertos en un enfrentamiento entre policías y militares con sicarios del Cártel del Noreste) revelan la fallida política de seguridad pública.

 

Incluso con el crecimiento cero, el presidente de la República aparece aún blindado. Con una aceptación que va a la baja de acuerdo a las más recientes encuestas, pero con suficiente margen de maniobra para operar, como tituló su portada el semanario Proceso, la aplanadora.

 

El hecho de que se haya tenido que recurrir a la antiquísima práctica del acarreo para la construcción de la escenografía del poder, para la difusión de imágenes que recrean el dominio de la principal plaza pública del país, emblemática sede y fuente del apoyo popular de AMLO durante tantos años, revela que las cosas, sin embargo, no andan del todo bien.

 

Una imagen del Zócalo a medio llenar habría sido letal para un presidente que no las trae todas consigo desde el 14 de octubre, cuando el narco pasó lista de presente como fuerza beligerante en disputa con el Estado por el control del territorio en Culiacán.

 

Por eso se tuvo que recurrir a la desgastada pero aún efectiva práctica del acarreo que, como tantas otras, se les pretende dar un sentido y una dimensión distinta a la que tenían en años anteriores, en gobiernos anteriores.

 

En el pasado conservador, el acarreo a los eventos de culto al político en turno era un condenable acto de corrupción (en tanto desvío de recursos públicos) y un ostensible mohín de desprecio a las clientelas empobrecidas y dispuestas a movilizarse por un sándwich, un frutsi y un pago compensatorio.

 

Hoy, el acarreo tiene otra interpretación: es la confirmación de la fe, la lubricación de la esperanza y un gesto de caridad cuasi divino.

 

Lo importante no fue el discurso, apretado recuento de unas 250 conferencias mañaneras, sino el mensaje de poder que alguien sintetizó en un tuit: “¿Cuántos hombres se necesitan para llenar el Zócalo? Uno solo: Andrés Manuel López Obrador”.

 

Como frase matona está bien; como axioma que no requiere comprobación es un intento fallido. Para llenar la plancha del Zócalo se requirieron miles de funcionarios públicos y líderes políticos y sociales encargados de la organización y logística; de la seguridad y el acarreo, el pago en efectivo, el empaque de los ‘lunch’, la operación de redes sociales.

 

Nada que priistas y panistas no hayan hecho antes, pero ahora se justifica porque “somos diferentes”.

 

Cerca de allí, en el Ángel de la Independencia, la oposición mostró que aún está lejos de articularse como una fuerza que le plante cara a la aplanadora presidencial. Si bien la de ayer fue la más nutrida de las manifestaciones a que hayan convocado, todavía no les alcanza para ensombrecer a un gobierno fuerte y controlador, con todo el recurso económico y material para dominar el espacio mediático.

 

Las réplicas de esta manifestación en los estados fueron más precarias. En Hermosillo, apenas logró convocar a unas 150 personas, la mayoría de ellas identificadas con organizaciones religiosas.

 

Y es que aquí algunos liderazgos ‘opositores’ son persistentes y voluntariosos en tuiter. Son buenos para tomar la calle, pero para trotar en maratones, no para salir a protestar, mucho menos para convocar a sus clientelas, como nunca antes diezmadas.

 

Es más fácil agruparse en torno a una carnita asada o una conferencia con su nuevo referente moral, ideológico, político y organizativo, un troll al que conocen como “tumbaburros”, que movilizarse en las calles porque qué hueva.

 

Así, la única apuesta es a que los morenistas sigan destrozándose entre ellos y fallando en la gobernanza que les fue encomendada en las urnas, y no a la construcción de opciones.

 

II

 

Platicando con el hombre que es quizás quien más sabe del tema hídrico en Sonora, César Lagarda Lagarda nos comentaba que las precipitaciones extraordinarias registradas en días pasados no se veían desde hace al menos 25 años.

 

Algunas presas, como la de La Angostura vertieron sus excedentes poniendo a prueba su infraestructura, y superándola satisfactoriamente y, aunque hubo algunas poblaciones inundadas, la mayor parte de los daños obedecen a que durante esos 25 años los pobladores le fueron ganando terreno al cauce de los ríos, asumiendo que no volverían a crecer de la manera en que lo hicieron esta vez.

 

Así, los cauces comenzaron a ser utilizados como corrales, potreros y tierras para cultivos diversos y ahí fue donde se registraron los mayores estropicios, sobre todo en poblaciones de las sierras alta y baja del estado, especialmente en Moctezuma, Granados y Huásabas.

 

Hubo otras regiones, sin embargo, donde las precipitaciones extraordinarias se llevaron carreteras y anegaron pueblos y comunidades, como en la costa de Hermosillo y la zona rural oriente.

 

La autoridad se movió rápido instalando en sesión permanente el Comité de Operación de Emergencias y solicitando la declaratoria de emergencia para los 72 municipios de Sonora. Todavía este año, ese tipo de solicitudes tenían una respuesta pronta del gobierno federal, pero ahora hay cierta incertidumbre por las famosas nuevas reglas de operación de casi todos los fondos y partidas (o la ausencia de dichas reglas en algunos casos).

 

La gobernadora recorrió el sábado el ejido San Luis en la costa de Hermosillo, una de las comunidades más afectadas de la zona y adelantó que en cuanto terminen de evaluarse los daños, solicitará la declaratoria de desastre en aquellos lugares que lo ameriten.

 

La alcaldesa de Hermosillo, Célida López también se sumó a la solicitud de emergencia para esta ciudad, donde las lluvias dejaron las vialidades en un estado deplorable; incluso aquellas que recientemente habían sido reparadas (bacheadas) quedaron para el arrastre, y no se diga de calles secundarias y algunas rutas importantes que ya estaban para llorar.

 

En temas más amables, ayer por la tarde-noche fue inaugurada la pista de patinaje sobre hielo en el parque infantil de esta capital, un atractivo para la convivencia familiar en épocas decembrinas, que en los dos años anteriores se instaló en el área de palacios.

 

La gobernadora inauguró este espacio de helada diversión, que tendrá un costo de recuperación de 50 pesos y a quienes gusten disfrutarla se les proporcionará casco y rodilleras, previendo que la impericia o la osadía los lleven a pegarse de costalazos sobre el hielo, que se mantendrá hasta el cinco de enero.

 

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