Fin de Entre Todos; hay tres prospectos para el relevo

Arturo Soto Munguia /    2019-12-08
Publicar en:  

Ayer en su columna El Serrucho, Víctor Mendoza Lambert anunció el fin del ciclo del Noticiero Entre Todos que dirigía, y conducía al lado de Hilario Olea desde hace 17 años. La última transmisión será el 27 de diciembre.

 

“Nuestro estilo y nuestra forma de hace y dar las noticias no es lo que hoy día se hace en la empresa y por lo mismo se nos pidió terminar una relación de alianza estratégica”, escribe Víctor en su columna.

 

Una alianza estratégica, agregaría yo, que entre otras cosas implicaba el pago de nómina al personal que hace posible ese noticiero, pues la empresa Megacable pagaba el 50 por ciento y la empresa de Víctor e Hilario el otro 50. Hay, entre el personal, cierta dosis de incertidumbre pues temen que al concluir la sociedad, se queden sólo con la mitad de sus ingresos.

 

Víctor también agradece a los directivos de Megacable, Javier Bours y Sergio Mazón la oportunidad de trabajar juntos durante toda esta etapa, asumiendo que vienen nuevos proyectos en los que les deseamos el mejor de los destinos.

 

Sobrio, como suele ser cuando no opta por la sátira política, el director de Entre Todos evita tirarse al piso, como es el estilo de otros, y asume que la empresa Megacable está buscando nuevas opciones en las formas y los contenidos de sus programas.

 

Hasta donde se sabe, Megacable seguirá manteniendo un espacio informativo en el mismo horario, para lo cual ya están entrevistando a algunos prospectos que puedan hacerse cargo.

 

En la lista se encuentran los colegas y amigos Cynthia García que actualmente conduce el noticiero 24/7 del periódico Expreso, que se transmite en el 91.5 FM; Niria Andrade, que conduce la edición matutina de ese mismo noticiero, y Marcelo Beyliss, reportero y conductor de Grupo Larsa.

 

Los tres son garantía de profesionalismo y acumulan experiencia suficiente en el mundo del periodismo y la comunicación, por lo que cualquiera de ellos seguramente haría un buen papel al frente de un espacio tan importante como el que dejan Víctor e Hilario.

 

Hay quienes dicen que Luis Alberto Medina está pugnando por ese espacio, pero en la empresa lo tienen como la última opción porque no quieren que en su funeral, el muchacho se siga creyendo más importante que el muerto. Eso dicen.

 

No tengo duda alguna de que el fin del ciclo de Entre Todos tiene que ver con la recomposición política que planteó la elección del año pasado; la reconfiguración del poder en los planos nacional y estatal, donde se están registrando cambios y relevos en las empresas de comunicación que siguen teniendo como ayer, como siempre, el principal ingreso por la vía de los convenios gubernamentales.

 

Lo estamos viendo en grandes medios nacionales como El Universal, Reforma, Milenio, Televisa, Radio Fórmula y otros, donde las plumas y los rostros están cambiando de un año a la fecha. Nada de qué asustarse. Finalmente las audiencias premian con su atención o castigan con el látigo de su indiferencia.

 

Los gobiernos necesitan a los medios y los medios al gobierno, y eso sigue aplicando en la 4T. Para las grandes empresas, ningún periodista, ninguna titularidad vale más que un convenio y esa es otra de las cosas que siguen prevaleciendo en el gatopardismo de estos días.

 

Forzar el análisis para suponer que la salida de Víctor e Hilario obedece al coqueteo de Movimiento Ciudadano con la candidatura de Ricardo Bours al gobierno del estado, sólo por el hecho de que la familia Bours es accionista de Megacable me parece un despropósito.

 

Este es un tema sobre el que conviene abundar y el espacio es breve, así que mejor mañana lo abordamos. Por lo pronto, se puede decir que María Dolores del Río está viendo amenazado su franquicia familiar, donde al mejor estilo del PRI, del PAN y de otros partidos, las dirigencias son rotativas entre los más cercanos, como Carlos García.

 

Guarden este tuit, pero el siguiente relevo en MC va a ser el hijo de María Dolores.

 

II

 

 

 

 

 

 

Ese gatopardismo en el que todo cambia para seguir igual, que se manifiesta también en la acumulación de casos para documentar el pesimismo, como el del embajador de México en Argentina, Oscar Ricardo Valero Recio Becerra que fue captado por las cámaras de seguridad en una famosa librería del país sudamericano aplicando una muy socorrida técnica utilizado por “farderas” y “farderos” para hacerse de bienes indistintos, sin pagar por ellos.

 

Por alguna razón, vinieron a mi mente experiencias pasadas en las que el robo hormiga tenía una justificación ideológica y/o política. Se trataba de arrancar a la burguesía y su Estado la riqueza de la que se apropiaban sistemáticamente a partir de la explotación del hombre por el hombre.

 

Me resisto a creer que los desideologizados millenials y centenials sigan practicando estas técnicas, pero en mis tiempos de estudihambre, conocí verdaderos campeones (y campeonas) en el arte de la “expropiación”, como solía llamársele al depurado estilo con el que recuperábamos un poco de lo que el capitalismo salvaje nos arrebataba sin miramientos.

 

Carne de res, pollo y puerco; latas de atún y decenas de productos alimenticios desaparecían de vitrinas, refrigeradores y estantes en los supermercados de la ciudad, mediante esa técnica que, ahora se sabe, sigue vigente incluso entre encumbrados diplomáticos nacionales.

 

Los libros eran uno de los tesoros más preciados. No hay biblioteca personal, ni siquiera la mía, que no cuente en sus retablos con al menos un ejemplar sustraído furtivamente del Sanborn’s, de alguna librería, biblioteca o donde se encontrara mal puesto.

 

El asunto se empezó a descomponer cuando algunos descubrieron (descubrimos) que mediante esas técnicas también se podía adquirir gratuitamente otro tipo de consumibles: ropa, latas de abulón, botellas de licor, desodorantes y otros productos de aseo personal y culto a la vanidad, lo cual era severamente castigado por el vacío social y el anatema. Lo que en su momento fue robo famélico o “expropiación” pasó a ser una desviación pequeñoburguesa, que era lo peor que te podía suceder en ese entonces.

 

No les miento si les digo que entre esos campeones está un hoy reconocido abogado que era capaz de sacar hasta tres botellas de Buchannan’s escondidas en su cuerpo y sus ropas, con lo cual no sólo le pegaba en su madre a la burguesía nacional y al imperialismo yanqui, sino hasta a la mismísima realeza europea.

 

El problema es que una vez fue descubierto. El guardia de seguridad lo detuvo en la puerta de salida, conminándolo a que se prestara a una revisión. Como intentó darse a la fuga, el guardia le dejó ir tremendo toletazo a la entrepierna con tan mala (o buena) suerte que rompió una de las botellas de whisky que llevaba de clavo.

 

El líquido corrió por el piso y mi compa, que hasta el momento está invicto en sus aventuras, comenzó a retorcerse gritando a todo pulmón que lo habían herido y que aquello que corría por el piso era sangre y no whisky.

 

Sería la gran capacidad actoral o el factor sorpresa o no sé, pero el guardia se asustó y le dijo “ya déjate de mamadas y vete”, pero el caso es que el hoy abogado, que presta sus servicios en un ayuntamiento del cual no diré su nombre, llegó a casa con la otra botella intacta, y todo fue una fiesta.

 

En aquellos años gloriosos de universitarios de escasos recursos, la expropiación se justificaba porque no había manera de acceder a esos bienes si no era por la vía de la “expropiación”.

 

Pero si un embajador, que gana al menos 100 mil pesos mensuales (para aproximarse a la austeridad republicana en la que nadie puede ganar menos que el presidente, aunque eso sea otra de las mentiras en boga), se roba un libro, lo captan en las cámaras de seguridad y se convierte en la vergüenza nacional, ya estamos hablando de otra cosa.

 

Estamos hablando de que la cartilla moral, la constitución moral y la economía moral son puro pedo.

 

Al señor embajador seguramente le van a retirar sus credenciales, porque el problema no es que sea un ratero, sino que lo vieron, y eso Andrés Manuel nunca lo va a tolerar. Si no, que le pregunten a Bejarano, Imaz, Gustavo Ponce y tantos otros que hoy siguen dando cátedra en eso de administrar la gran empresa que es el gobierno federal.

 

También me puedes seguir en Twitter @Chaposoto

 

Visita www.elzancudo.com.mx

 

Opiniones sobre ésta nota
Envía tus comentarios