Norberto Barraza, el caballo pinto

Arturo Soto Munguia /    2020-11-22
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Menuda bronca la que se viene en Hermosillo.

 

Los servicios de inteligencia de El Zancudo detectaron una medición hecha por Morena para evaluar la competitividad de los y las posibles aspirantes a la candidatura a la alcaldía y la sorpresa fue que encabezando la lista aparece el actual director de Servicios Públicos Municipales, Norberto Barraza Almazán.

 

Esto ha puesto a cavilar a los promotores del proyecto reeleccionista de la actual alcaldesa Célida López Cárdenas, que sin duda es la candidata del grupo hegemónico en Morena Sonora, es decir el que encabeza Alfonso Durazo Montaño, donde saben que la elección 2021 estará suficientemente competida como para no desdeñar un solo voto, mucho menos en una plaza como Hermosillo, que concentra casi un tercio del padrón electoral del estado.

 

Una plaza en la que 2018 marcó la diferencia con 16 mil votos en el peor momento del PRI y el mejor momento de Morena.

 

En el segundo lugar de esa medición aparece la propia alcaldesa, pero con el agregado de cargar con los negativos propios del desgaste que implica el ejercicio de gobierno, algo que no afecta a Norberto Barraza quien desde la dirección a su cargo mantiene un bajo perfil, lejos del fuego cruzado al que naturalmente está expuesta la munícipe.

 

Barraza por su parte mantiene una comunicación directa con los ciudadanos, atiende su dependencia con eficacia y de alguna manera es el beneficiario de políticas y programas que ha concretado la alcaldesa en temas como la recolección de basura, que tuvo un comienzo caótico pero mejoró sustancialmente.

 

Hago constar que al ingeniero Barraza lo conozco sólo por su actividad en la política y el servicio público; jamás he cruzado palabras con él ni tengo alguna motivación especial para promocionarlo. Sólo reporto lo que me aseguran, está pasando. De hecho, fue candidato por el PVEM, luego como independiente y en ambas fracasó.

 

Hecha la necesaria aclaración, apunto que el asunto se complica más porque el señor Barraza también está coqueteando con la idea de aceptar el ofrecimiento que, me dicen, ya le hicieron desde la alianza PRI-PAN-PRD.

 

Queda claro que el proyecto de los ‘mandamases’ de Morena es Célida López y eso tampoco es una suposición.

 

El mismísimo delegado nacional de Morena en Sonora, Jesús Valencia lo dejó claro en su primer encuentro que tuvo con medios de comunicación el viernes pasado. A pregunta expresa de un servidor, sostuvo que lo mejor para su partido era la reelección de la alcaldesa.

 

Sin embargo, al preguntarle sobre esa medición en la que también fue evaluado Norberto Barraza, el de Iztapalapa no se soltó el listón de su pelo, se mantuvo evasivo y titubeante; aseguró que no podía precisar los resultados de tal medición porque no la traía consigo. Pero los colegas y amigos que estuvieron presentes en ese encuentro coincidirán conmigo en que su nerviosismo delató que algo está pasando con este tema.

 

Por lo demás, Jesús Valencia reconoció que 2021 no será 2018 y por ello tienen que seleccionar los mejores candidatos y candidatas si quieren alcanzar la expectativa de conquistar la gubernatura, los siete distritos federales, la mayoría en el Congreso local y retener las principales alcaldías.

 

Porque esa es la misión en este proceso al que, sin embargo, le falta mucho por ver.

 

Por lo registrado hasta estos días, se infiere que el verdadero caballo negro en el mundo de la grilla sucesoria municipal, es Norberto Barraza. El otro anda queriendo competir en una carrera para la que no le alcanzan las fuerzas de las patas.

 

II

 

El tema de la seguridad pública en Cajeme se ha convertido en prioritario. El municipio es actualmente uno de los más agraviados por el actuar del crimen organizado (y del desorganizado) y lo peor que puede ocurrir es que las autoridades locales no tomen al toro por los cuernos, algo que por cierto ya está sucediendo.

 

La apuesta del alcalde Sergio Pablo Mariscal es reforzar la coordinación con las autoridades estatales y federales, para lo cual ya se gestionó la presencia de más elementos de la Marina y se trabaja en el Plan Dinámico para articular una respuesta a la difícil situación que se vive.

 

Ya se puso en marcha el programa de 100 días cuyo centro es la prevención y combate a los delitos del fuero común (robos y violencia intrafamiliar) que son los de mayor incidencia en la región y se trabaja en la capacitación y acreditación de los elementos tanto municipales como estatales, con la participación de las instituciones federales

 

Tiene, sin lugar a dudas, un gran reto frente a sí el alcalde cajemense.

 

III

 

Cierro esta columna con gran pesar. Dos amigos están intubados, peleando con esa fuerza que les hizo vivir y hacer cosas buenas. No sé lo que desde su inconsciencia inducida, desde su desconexión a este mundo piensen. Ni siquiera sé si están pensando.

 

Son dos amigos, pero también son 49 pacientes graves con ventilación mecánica invasiva los que están en hospitales de Sonora, con un pie en la vida y otro en el más allá.

 

Me duelen dos porque los conozco, pero me duelen todos. Incluso los más de cien mil muertos oficialmente reconocidos como víctimas del coronavirus, y los más de 300 mil que han fallecido sin aparecer en las cifras oficiales para que el gobierno no reconozca su fracaso en la gestión de la pandemia, que no se detuvo con estampitas religiosas ni fuerza moral, no de contagio.

 

Pienso en mis amigos, Toño y Ramón, y no imagino lo que piensan. Dónde se contagiaron y porqué. Dónde pescaron el virus y porqué.

 

Pienso también en las estampas cotidianas en las filas de los supermercados, la tortillería, la tienda de la esquina donde mucha gente se encabrona si les dices que guarden la distancia, que se suban el cubrebocas, que la muerte nos acecha.

 

Pienso que Antonio y Ramón tienen hijas que extrañan sus abrazos, sus besos, sus jugarretas, sus enojos. Pienso que Ramón y Antonio no son cifras ni estadística sino un par de cabrones con sus cotidianidades buenas y malas, con sus excelencias y sus fallos; con sus familias orando, con sus amigos rememorando todo.

 

Confieso que no sé rezar. Pero si hay algo parecido a un rezo, pido por ellos y por todos y todas que están en estos momentos en una cama de hospital quizás pensando en el descuido, en la posibilidad de que si hubieran evitado asistir a algún lugar, estuvieran de este lado, del lado de quienes no nos hemos contagiado y que vamos por la vida cuidándonos de las zonas de riesgo.

 

Pienso en ellos y también en los miles que se siguen creyendo inmunes. Pero no puedo apartar de mi mente a ellos dos, que no son dos, sino miles. Más de cien mil en México.

 

Y se me encoge el corazón. Me da miedo.

 

Ayer me habló por teléfono un amigo de la secundaria. Me dijo que lo hacía porque “van tres veces que te sueño”. Y su pareja lo obligó a hablarme para ver si no me había muerto. Pues no, no me he muerto ni tengo intenciones de hacerlo, porque me sigo cuidando.

 

Y sin embargo, vuelvo a pensar en mis dos amigos intubados que pueden morir y que no saben ni porqué.

 

El wey que me habló no es mi amigo. Es como un hermano. Perro de aquellos días de amor y de fuego, cuando no se dejaba a nadie morir solo. Tiros limpios, amores compartidos, fuerza para salir airosos, brazos alzados para refrendar supremacías de barrio.

 

Me dio gusto que me hablara porque está vivo y está bien.

 

Yo también, creo.

 

Pero no dejo de pensar en los que se fueron, y los que están batallando para no irse.

 

Si de algo sirve esta columna triste, tengo que decir: “cuídense, [email protected], queremos seguir en esta vida, por más culera que sea”.

 

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