La delincuencia organizada; las policías no

Arturo Soto Munguia /    2020-11-23
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Todos lo vimos. El asalto a una camioneta de traslado de valores fue un acto milimétricamente medido, puntualmente planificado, eficazmente coordinado, y ejecutado por hombres dispuestos a matar o morir en el evento.

La cantidad de dinero robado termina siendo irrelevante si se considera que para estas horas uno de los guardias, empleado de la compañía de seguridad está muerto y otro herido de bala. 

La cámara que captó el momento del asalto es el ojo de los miles que vimos con azoro la ejecución del atraco. Sabían exactamente el tiempo, el lugar y las condiciones en que deberían perpetrarlo.

Delincuencia organizada es el nombre. Ese asalto requirió horas de entrenamiento, planificación, acceso a información privilegiada, diseño de rutas de escape y por qué no decirlo, valor y sangre fría.

El video es particularmente espeluznante porque documenta la presencia de una banda bien articulada, armados hasta los dientes y con la suficiente vocación de asesinos, que en algún lugar, en estos momentos quizás estén brindando por el éxito de la misión, repartiéndose el dinero y planeando un nuevo golpe.

Impunidad es el nombre que complementa este episodio: los tipos abandonaron el vehículo con el que impactaron la camioneta de valores, abordaron otro auto en el que se dieron a la fuga junto a un par de cómplices que aguardaban en el momento y lugar preciso para apoyar la operación, y luego abandonaron también ese segundo vehículo a un par de kilómetros, siempre en calles muy transitadas de la ciudad, para desaparecer seguramente en otro auto.

Queda finalmente un sentimiento de indefensión y de abandono. La posibilidad de que esa banda pueda asestar otro golpe como ese debe ser un llamado de alerta serio sobre la capacidad de las corporaciones policiacas de los tres niveles de gobierno, que ante eventos de esta naturaleza simplemente quedan rebasadas y quizás más azoradas que los propios ciudadanos.

Este es un episodio que lamentablemente nos muestra que nunca como ahora la delincuencia está tan bien organizada, y las policías tan desorganizadas.

Ahora sí que como dijo un diputado de tipluda voz: esto no puede seguir pasando.

II

Un escobazo al panal morenista fue la columna de ayer a propósito de la eventualidad de que el director de Servicios Públicos Municipales, Norberto Barraza Almazán se inscribiera para competir por la candidatura a la alcaldía de Hermosillo.

Las muestras de afecto y felicitaciones en las redes sociales confirmaron que el señor tiene una buena aceptación y que lo mismo despierta simpatías entre gente identificada con cualquier partido político, pero sobre todo entre ciudadanos sin partidos.

Barraza Almazán sería un hueso duro de roer en la contienda, se lance por el partido o la alianza que sea.

Esa eventualidad, sin embargo, a quienes más mete en aprietos es a los aspirantes de morena a esa candidatura, pues de entrada rompería con el plan, al parecer ya consensuado de impulsar a la alcaldesa Célida López a su reelección.

De aspirantes menos posicionados y francamente sin posibilidades, como Wendy Briseño ni hablar. Aunque por lo visto y escuchado, a la diputada federal no le desagradaría la idea de apoyar a Barraza, si en ello le va la posibilidad de meterle una zancadilla a la alcaldesa, con la que no tiene ni tantito así de empatía.

Sería el típico: “lo importante no es ganar, sino hacer que pierda la otra”.

Esto apenas comienza.

III

Lo que nadie quería escuchar, lo que nadie quería ver lo tenemos enfrente: ayer el reporte diario de la pandemia nos mostró la cifra de 231 nuevos contagios, una cantidad que no se registraba desde hacía varias semanas. También hubo 11 fallecimientos más y hay 161 enfermos graves en los hospitales.

El repunte de coronavirus está aquí con su saldo trágico y su recuento fúnebre; los hospitales privados se encuentran al 87 por ciento de su capacidad y los hospitales públicos se acercan al 50 por ciento de camas ocupadas con pacientes Covid19.

Y el asunto se complica por tres razones: ya tenemos encima la temporada invernal y de influenza; se acercan las fechas decembrinas en las que menudean las reuniones familiares, celebraciones y festejos. Viene también el flujo de docenas de miles de paisanos desde Estados Unidos, donde se tiene el mayor número de contagios a nivel mundial.

Nunca como ahora, ni siquiera en los inicios de la pandemia, se hace imprescindible no relajar los protocolos sanitarios, las medidas preventivas: sana distancia, uso de cubrebocas y evitar aglomeraciones. 
Tres mil 315 muertes en Sonora a causa de esta enfermedad son demasiadas muertes, demasiado sufrimiento, demasiada carga emocional sobre los hombros de miles de familias que mantienen a los suyos en los hospitales.

¿Y saben qué? La única esperanza de romper la cadena de contagios, contener la propagación del virus radica en cada uno de nosotros. No hay poder, terrenal ni celestial que pueda frenarlo, sólo nosotros. 

Extrememos pues, precauciones, preparémonos para una navidad atípica y conservemos lo más preciado: la salud y la vida. Para todo lo demás, ya habrá tiempo.

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