Sin medias tintas

Ni miedo ni respeto

Omar Alí López /    2021-01-24
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Hay muchas personas muriendo en sus casas por COVID-19; pero eso no nos da miedo. 
Al asistir a reuniones o fiestas, corremos el riesgo de llevar el coronavirus a nuestras casas e infectar a nuestros seres queridos; pero no nos da miedo.
Los datos de la pandemia son muy diferentes a la realidad, al grado de que se deben esperar más de 20 días para recibir las actas de defunción por COVID, pero ni así le tenemos respeto.
Ya no hay espacio en los hospitales públicos, y en los hospitales privados ni los seguros de gastos médicos mayores tienen preferencia para recibir enfermos, pero no nos da miedo.
Ya está en nuestro país la nueva cepa del virus que es entre 50 y 70 % más contagiosa; pero no nos da miedo.
¿Qué es más importante que la vida?
Mientras tanto, debatimos de forma estéril acerca del derecho personal —que alegan algunas personas— de enfermarse por no usar cubrebocas y el derecho de los demás a no permitírselo porque corren el riesgo de infectarse. 
Eso sí, nos asombramos con los avisos de defunciones al entrar a las redes sociales, y decimos “el feis parece panteón”, “En Twitter cada vez hay más anuncios de muertes”, etc. Pero nada más. 
Lo triste es que ya no hay manera de detener esto. Más mexicanos morirán, iremediablemente.
La matemática no miente. Más de 140 mil muertos por Covid desde el inicio de la pandemia en México; pero ese número solo representa los muertos en los hospitales, no los fallecidos en sus hogares. La cifra real está en los servicios médicos forenses.
Ahí en el anfiteatro, solo, sobre una mesa de aluminio, con una identificación en el dedo del pie, un hombre vestido con un traje especial lo mirará como un objeto de laboratorio y le abrirá el tórax para inspeccionarlo. Él notará con seguridad la mucosidad en los pulmones que le impedía el paso del oxígeno y en una hoja anotará el motivo de la muerte, que se selecciona entre los tres más comunes en el último año: neumonía atípica, posible COVID y COVID.
No le harán una prueba de COVID porque ya esta usted muerto y los protocolos no marcan la necesidad de hacérsela; pero lo que sí hará es ordenar la cremación del cuerpo… por si las dudas.
Así, terminará sus días en una urna, que recibirán sus familiares. No tuvo oportunidad de decirle nada a nadie por la fatiga y la falta de oxígeno, o quizás antes de perder el conocimiento alcanzó a darle las gracias a su familia por cuidarlo en la casa; o quizás no pudo.
Como sea, ni miedo ni respeto al coronavirus. Así es la vida.

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