El imperio de las mentiras.

Omar Alí López /    2021-04-03
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¿Sabe usted cómo identificar una mentira?

Seguramente conoce personas que mienten sin necesidad o en las situaciones más absurdas. Sin embrago, cada mentira dicha tiene una intención, desde las banales de «te llamo después» o «llego en cinco minutos» hasta las políticas de «no habrá gasolinazos» o «ya se acabó la corrupción».

Por supuesto también sabe usted de la existencia de personas que tienen una capacidad extraordinaria para darse cuenta de cuando les están mintiendo —Mi abuela era una de ellas. Nunca le presté atención a su método para reconocer una mentira hasta que me enfrenté a una circunstancia similar—.

En realidad hay varios métodos para reconocer una mentira. Los policías tienen el suyo, por ejemplo, consistente en entrevistar por separado a los ocupantes de un vehículo y después comparar versiones. Otro método utilizado por organizaciones y gobiernos, al ser más apegado a lo científico, es el contraste de lo dicho versus los datos.

Con las madres es otra historia; ellas presienten las mentiras. Se dan cuenta en el tono, la mirada, un gesto, incluso en el más mínimo titubeo. Ahí sí no hay nada qué hacer.

Todos hemos dicho una mentira alguna vez en nuestras vidas; pero donde jamás deberían de permitirse es en la relación entre Gobierno y gobernados, entre parejas, y entre Dios y usted.

Para tomar siempre las mejores decisiones se debe estar bien informado, porque hacer lo contrario, es decir tomar decisiones basándose en mentiras, es como realizar un importante viaje al «ahí se va». Es en este último escenario cuando aparece la simulación, la improvisación y el deseaseo para cumplir las acciones y estrategias.

Una mala decisión del Gobierno puede repercutir en la pérdida de miles de millones de pesos o de cientos de empleos, por ejemplo. Lo más delicado del asunto es que ese dinero es de todos nosotros, y mientras no haya protestas de nuestra parte, estaremos dando una tácita autorización.

Esto no debería ser complicado de entender. Imagínese comprar un auto nuevo, por ejemplo, considerando que entre su pareja y usted pueden pagar la mensualidad; pero resulta que cualquiera de los dos mintió acerca del ingreso real y resulta que es menor a lo dicho. Tomará una decisión equivocada y seguramente se verá en problemas. Es realmente sencillo.

La época electoral es el imperio de las mentiras, y tenga la plena seguridad de que escuchará muchas. Por eso es importante estar bien informado para saber cuándo le estan diciendo la verdad, y así sabrá cómo elegir sin equivocarse.

Cada quien debe hacer su parte en este proceso. Es una responsabilidad ciudadana ineludible, a menos, claro está, que piense que eso es mentira.

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