Justicia ciega.

Omar Alí López /    2021-04-28
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¿Qué es la justicia? Todos nos hemos formado una idea de la justicia en algún momento de nuestras vidas, y para muchos es relativamente sencillo decir qué es cuando se presenta un caso como ejemplo; pero no es lo mismo a la hora de definirla.

La definición de justicia ha sido un tema importante para los grandes pensadores de la historia. Para filósofos como Aristóteles hasta téoricos del Derecho como Kelsen, la complejidad de la definición ha sido motivo de miles de páginas.

Al final, las civilizaciones occidentales alcanzaron un acuerdo de justicia circunscrito a las normas o leyes que fueron dictadas para la convivencia. El mismo Kelsen decía que la justicia es la felicidad social. Es decir, cuando una sociedad vive bajo los principios de la justicia, se dice que hay felicidad en sus integrantes.

Y ese principio es el que me gusta en lo personal. Para mí el supremo mal de México es la impunidad, no la corrupción. Que al final de cuentas representa la ausencia en la aplicación de las leyes.

El detalle es que en nuestro país no debería ser idealizada ni la justicia ni la aplicación de las leyes, y de igual manera, cada uno de los mexicanos debería tener acceso a ella y el Estado debería garantizárselo.

Pero no, así no sucede.

Hace pocos días vimos cómo la justicia puede ser definida bajo un principio ideológico político de unos cuantos y no como un derecho humano. Eso es sumamente riesgoso para la democracia. No pueden existir múltiples definiciones a modo de la justicia. Eso conlleva al autoritarismo, ya que al término prevalece una visión particularizada y no consensuada.

Vendrán tiempos oscuros para el país si se ponen en duda las definiciones de los derechos del hombre.

Sin embargo, pareciera que a nadie le importa mientras que no le afecte directamente. Y si es así, ¿lo merecemos, entonces?

Hay una contradicción filosófica aquí por demás interesante. No nos interesa la definición general de la justicia mientras esta no se aplique al individuo. El detalle es que terminará afectando, como todas las políticas del Estado; para eso vivimos en comunidad y decidimos formar parte de una nación.

¿Hasta dónde llegará entonces nuestra capacidad para soportar que la justicia no sea ciega o que no pueda ser equilibrada?

La respuesta la encontraremos en el preciso momento en que la necesitemos. Y ahí sí, nos pesará no haber prestado suficiente atención a lo que sucedía a nuestro alrededor, pensando que el barco se hundiría por el otro lado.

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