Aguas: el futuro ya nos alcanzó

Arturo Soto Munguia /    2021-06-22
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Ni siquiera en aquel terrible verano de 2005 cuando le gobierno municipal de Hermosillo tuvo que racionar el agua y la ciudad sufrió lo indecible, especialmente en las zonas marginadas, el fantasma de la sequía se había cernido tan amenazante como ahora.

 

De acuerdo con el vocal ejecutivo de la Comisión Estatal del Agua, Sergio Ávila Ceceña, la capital de Sonora solo tienen garantizado el suministro de agua potable para uso doméstico durante los próximos 20 días, si las lluvias no se presentan para recargar la presa Abelardo L. Rodríguez, que está completamente seca, y la de ‘El Novillo’, que se encuentra al 23% de su capacidad y en breve eso impedirá cualquier extracción por las bombas que alimentan el polémico acueducto Independencia.

 

El destino finalmente, nos ha alcanzado. La obra insignia de Guillermo Padrés, no sólo por los miles de millones de pesos que costó, sino por lo que representó en términos de ‘manoteo’ de recursos públicos y más aún, por el conflicto generado entre dos ciudades hermanas, ha topado con una realidad mil veces advertida.

 

Además de las implicaciones legales que tiene trasvasar el agua de una cuenca a otra, si se lleva a cabo de manera sistemática -como fue el caso- puede llegar el momento en que ni una ni otra dispongan de agua suficiente ya no digamos para las actividades productivas, sino para el consumo humano. Eso parece estar a punto de suceder.

 

Afortunadamente, la proyección que hace el especialista en estos temas, Jesús Antonio Juvera, es que en los próximos 35 días “los modelos muestran un panorama muy favorable, con excedentes de lluvia muy elevados en las cuencas de los ríos más importantes de Sonora, por lo que esperamos una fuerte recuperación en los niveles de las presas en las próximas semanas”.

 

Juvera es uno de los más acertados especialistas en fenómenos meteorológicos y climatológicos de la ciudad y su pronóstico renueva la esperanza de que podamos al menos librar este verano que ya asomó toda su inclemencia desde que comenzó este 21 de junio.

 

La sequía por la que estamos pasando, sin embargo, es la peor en 60 años, de acuerdo con el vocal ejecutivo de la CEA y el futuro tanto para Hermosillo como para Ciudad Obregón no luce nada atractivo.

 

El tema es sumamente complejo y más complejas aún sus lecturas, implicaciones, interpretaciones y reparto de culpas, pero la conclusión parece ser una sola: estas ciudades (y otras en Sonora) no pueden depender de fuentes finitas, sometidas hoy más que nunca a las impredecibles variables del calentamiento global y el cambio climático.

 

Si alguien pensaba que el tema de la seguridad pública o cualquier otro igualmente serio era el principal problema que enfrentaría el nuevo gobierno, el presente nos está golpeando la cara: la disponibilidad de agua, su administración y la inversión en nuevas fuentes alternativas los rebasa con mucho. Sin agua, simplemente no hay vida.

 

El tema ciertamente no es nuevo. Como gobernador, Armando López Nogales proyectó una planta desaladora que aprovechara el agua salina de la costa de Hermosillo, pero tuvo una fuerte oposición por parte del entonces alcalde de la capital, Francisco Búrquez Valenzuela, y terminó desistiendo.

 

El sexenio de Eduardo Bours pasó sin pena ni gloria por ese tema; Guillermo Padrés lo intentó resolver con el acueducto Independencia y los resultados ya los estamos viendo.

 

Claudia Pavlovich está a punto de concluir su mandato y quizás le toque inaugurar la planta desaladora que se construye en Empalme, para abastecer a esa ciudad y a Guaymas, inicialmente, aunque está proyectado para construir en el futuro, módulos que abastezcan también a Hermosillo. Pero eso se ve muy lejano.

 

¿Cómo abordará Alfonso Durazo el tema? Se supone que el gobernador electo no llegará en blanco. En el libro que coordinó y que contiene las propuestas para la transformación de Sonora, se incluye un artículo de los investigadores José Ismael Minjares Sosa, José Luis Moreno Vázquez y Gustavo Luna Escalante.

 

Son apenas 18 páginas en las que establecen un diagnóstico y plantean objetivos, estrategias, acciones y metas que sería largo detallar aquí, pero lo que sí se puede apuntar es que no incluye nada que no se haya planteado antes y muchas de ellas tienen ese dulzón aroma del academicismo de cubículo, que se plantea, por citar algo de acuerdo al Programa Nacional Hídrico 2020-2024, la meta de tener agua entubada y drenaje para el 99 por ciento de la población de Sonora y el tratamiento de aguas residuales para el 90 por ciento de esa población.

 

Por ejemplo, uno de los objetivos que los investigadores se plantean es aumentar la eficiencia en el consumo del agua y búsqueda de nuevas fuentes. Una de las estrategias para alcanzar ese objetivo es “ampliar la eficiencia en el uso del agua para consumo humano”. Una de las acciones para ello es “establecer programas de reducción de pérdidas en los sistemas de agua potable y de cultura del agua”. Y la meta: “Aumento del 10% en la eficiencia de los sistemas de agua potable”.

 

También plantean la búsqueda de nuevas fuentes como la desalación y el cambio de uso y hablan de apoyar la construcción y operación de desaladoras en Puerto Peñasco, San Carlos y localidades costeras remotas.

 

Agregan algunos anexos estadísticos que incluyen obras de infraestructura hasta con sus respectivos costos, pero nomás como dato, a Hermosillo y a Cajeme ni siquiera los mencionan.

 

II

 

La fiscalía estatal confirmó ayer oficialmente y después de las respectivas pruebas de laboratorio forense, la sospecha que anidaba en la mente de muchos: los restos encontrados en un paraje cercano a Vícam corresponden a los del vocero de la tribu Yaqui, Tomás Rojo Valencia.

 

La revelación surge el mismo día que se lanza la alerta por la desaparición de Lorena Josefina Valenzuela Esquer, hermana de Mario Luna, otro de los activistas yaquis por la defensa del agua, el territorio y los usos y costumbres de la etnia.

 

Hace diez días, asesinaron a otro líder de la tribu, Luis Urbano Domínguez, a quien ultimaron a balazos al salir de un cajero automático en Ciudad Obregón.

 

Desde hace tiempo que el territorio yaqui es campo de operaciones del crimen organizado ya que esa vastedad de sierras, páramos y costas se presta para toda clase de operaciones y trasiegos ilícitos, incluyendo el huachicol, convertido en un negocio que genera mucho dinero, generalmente manchado de sangre.

 

Ese vasto territorio entre Ciudad Obregón y Guaymas-Empalme se ha convertido en una zona de alto riesgo donde se han registrado cualquier cantidad de delitos de alto impacto: tiroteos, levantones, secuestros, asesinatos y feminicidios, sin contar macabros hallazgos de fosas clandestinas y en alguna ocasión, cerca de Bácum, de unas hieleras con cabezas humanas.

 

En ese contexto los asesinatos de activistas indígenas o la desaparición de sus familiares son doblemente preocupantes, porque agregan un componente político que enturbia más el tema.

 

Sí, hay que levantar la voz por los líderes caídos, pero sin olvidar que en esa zona hay decenas de mujeres y hombres desaparecidos y muchos ni siquiera reportados.

 

Por la naturaleza de estos crímenes, las fiscalías estatal y federal tienen que ir más allá de la identificación de cadáveres. Hacer justicia y recuperar la paz en territorio yaqui es una tarea urgente.

 

Lo otro es dejar abierta la puerta a la impunidad, para que cualquier día, estemos lamentando hechos como los de Reynosa, Tamaulipas, o peores.

 

El asunto es lo suficientemente serio como para acordar con las autoridades tradicionales de la tribu, mecanismos de colaboración con las instancias de procuración de justicia, tanto del estado como de la federación, que encuentren en los usos y costumbres de la etnia, la voluntad de resolver un problema, y no de obstaculizarlo.

 

Eso no es una madeja fácil de desenredar, pero alguien tiene que comenzar a tirar del hilo, antes de que sea demasiado tarde.

 

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