El Poder Legislativo, a revisión: Jacobo Mendoza

Arturo Soto Munguia /    2021-08-15
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El viernes pasado sostuvimos una larga y muy interesante conversación con quien será el presidente de la primera mesa directiva en la próxima legislatura, Jacobo Mendoza Ruiz.

 

El ex dirigente estatal de Morena es, a no dudarlo, un hombre que tiene suficientemente claras las tareas que le corresponden a los nuevos diputados y diputadas de su partido en los siguientes tres años, y todas esas tareas pasan por una que es fundamental: reivindicar en los hechos y en la ley la autonomía del Poder Legislativo, lo cual no significa una ruptura con el Ejecutivo, sino su reconocimiento como un poder soberano no solo en lo político, sino hasta en lo administrativo.

 

Mendoza Ruiz es un tipo sencillo y sin poses; claro en la exposición de sus ideas y tiene muy bien tomado el pulso de todo lo ocurrido en su partido, tanto en lo interno como en su relación con sus aliados y con sus adversarios políticos.

 

Después de Alfonso Durazo, difícilmente alguien vivió más de cerca los avatares del vertiginoso crecimiento de Morena en Sonora; sus conflictos internos, los procesos de elección de candidatos y candidatas; las dificultades de mantener la alianza electoral como alianza legislativa en el periodo 2018-2021, ya por inconsistencias políticas de unos, inexperiencia de otros y/o voluntades quebradizas de unos más frente a un poder Ejecutivo que operó de muchas maneras para que así fuera.

 

La realidad que le tocará vivir a partir del próximo 1 de septiembre es distinta, y más aún a partir del día 13, cuando al propio Jacobo Mendoza le toque, como presidente del Congreso, tomar la protesta al nuevo gobernador.

 

La conversación versó sobre muchos temas, sobre los que volveremos en próximos despachos, pero cierro con una anécdota que da una idea de la contextura política y moral del diputado electo.

 

En algún momento le comenté sobre lo que un correligionario suyo me dijo durante la campaña, en el sentido de que para Morena era importante ganar la mayoría en el Congreso, pero no más importante que ganar la gubernatura, pues una vez hechos con el gobierno del estado, el Congreso se podría manejar políticamente desde la secretaría de Gobierno y económicamente desde la secretaría de Hacienda, como ha ocurrido hasta la fecha.

 

No sé quién te dijo eso, espetó, pero está muy equivocado. Eso sería asumir que la lucha que hemos dado todos estos años no sirvió de nada y solo fue para dejar las cosas como están y seguir repitiendo esas inercias del pasado. Eso, aseguró, no va a ocurrir.

 

 

 

II

 

Aunque falta más de un mes para que inicien los procesos de renovación de mandos estatales en los principales partidos de oposición en Sonora, ya se comenzó a calentar el ambiente y sobran manos levantadas para hacerse cargo de sus dirigencias.

 

Pero, ¿qué se están peleando priistas y panistas que buscan hacerse cargo de sus partidos en el estado en el tramo que resta para la elección 2024, más allá de los cascarones de lo que fueron todavía hace seis años, cuando eran las únicas fuerzas que se disputaban la gubernatura y las mayorías legislativas?

 

El diagnóstico no podría ser más crítico para ambos, pero especialmente para el tricolor. Después de perder la gubernatura en 2009 por primera vez en 70 años, vinieron de atrás y remontaron una ventaja de entre 15 y 20 puntos que al iniciar aquella campaña mantenía el candidato del PAN en el gobierno, Javier Gándara Magaña.

 

Claudia Pavlovich le ganó sumando 448 mil votos, pero en seis años el PRI perdió casi 300 mil votos, llegando apenas a 155 mil en 2021.

 

En ese mismo periodo al PAN no le fue mejor. Si bien perdió la gubernatura, en 2015 sumó 416 mil votos para situarse en un competitivo segundo lugar, pero en 2021 perdió más de 170 mil votos, alcanzando apenas 143 mil.

 

Este año PRI y PAN fueron en candidatura común junto al PRD, y los tres partidos fueron superados por Morena y sus aliados con más de 150 mil votos. Un desastre.

 

En el plano nacional las cosas no pintaron diferentes. De las 15 gubernaturas en disputa el PRI no ganó una sola, y eso incluye las ocho donde eran gobierno. Al PAN no le fue bien, pero tampoco le fue tan mal si se considera que pudieron conservar las gubernaturas de Querétaro y Chihuahua.

 

Para bordar sobre estos temas el viernes pasado tuvimos en la cabina de la Red 93.3 a dos personajes involucrados directa o indirectamente en los procesos que se avecinan. Uno de ellos, Manuel Hernández, dirigente de la Corriente Crítica del PRI, que llegó con el machete desenvainado: culpó sin ambages ni recovecos a los grupos de poder que se han enquistado en su partido, de viciar los procesos internos para la selección de candidatos, agandallar posiciones, descuidar las finanzas, dilapidar los recursos, olvidar a la militancia de a pie y en resumen, dejar al partido en el puro cascarón.

 

Por otro lado, estuvo en la mesa René Sotelo Anaya, panista con más de 20 años de militancia en su partido, que también reconoció errores cometidos por las cúpulas del blanquiazul no solo en el plano partidista, sino sobre todo en el ámbito gubernamental.

 

Recordó que hubo un tiempo, todavía a principios de los 90 y años anteriores en que los panistas se distinguían por la profesión de su doctrina y principios, haciendo de la ética y la honestidad sus banderas, pero reconoció que con el paso del tiempo, al pasar de la oposición al gobierno se fueron adquiriendo prácticas que solían criticar.

 

Esas malas prácticas también tuvieron sus expresiones en la vida interna del partido y cuando menos pensaron ya estaban reeditando la antidemocracia que en su momento cuestionaron con tanto énfasis al PRI, cuya versión remasterizada es ahora Morena: “los panistas de Sonora pasamos de ser percibidos como gente decente, de lucha, a ser vistos como personas corruptas no muy diferentes al PRI”, sostiene.

 

Urge, dice, “reinventarnos desde los principios de siempre” no para regresar al pasado, sino para responder a las necesidades de hoy con la doctrina y principios de siempre y esto debe incluir no solo a los liderazgos, sino a toda la base panista.

 

Como aspirante a la dirigencia se plantea dos tareas fundamentales: terminar con la alianza PRI-PAN-PRD a nivel local, yendo juntos en algunos temas pero haciendo prevalecer la identidad del PAN, y ser una oposición firme al gobierno de Morena, vigilando que el nuevo gobierno estatal cumpla con aquello en lo que se comprometió en campaña, forzándolo a resolver los problemas que causan dolor evitable a los sonorenses, y lo mismo se tiene que hacer en los gobiernos municipales donde el PAN es oposición.

 

La agenda de Sotelo es mucho más amplia pero por razones de espacio aquí la dejamos.

 

Solo resta apuntar que desde hace días se menciona con insistencia también a Gildardo Real como otro posible aspirante a la dirigencia estatal, y desde Puerto Peñasco, Humberto Souza ya levantó la mano y dijo que también va por ella.

 

Souza Chávez es un panista que también ya tiene años militando en el partido y siendo protagonista de varios procesos electorales, internos y constitucionales; es identificado como parte del grupo que comanda el actual dirigente estatal Ernesto Munro Palacio.

 

La incorporación de Humberto Souza le viene a poner más intensidad a la contienda interna en el blanquiazul y este mismo lunes tendremos una entrevista con él para que nos dé pormenores de sus intenciones y sus propuestas.

 

 

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