Si no es terrorismo, se parece mucho

Arturo Soto Munguia /    2021-12-01
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Apenas se estaba disipando el humo de la balacera y el granadazo en el palacio municipal de Guaymas, Sonora, cuando en Tula, Hidalgo otro grupo criminal hizo estallar tres carros bomba en un operativo coordinado para liberar al jefe de un cártel conocido como ‘Pueblos Unidos’ y al que apodan ‘El Michoacano’.

 

En el primero de los casos y de acuerdo a las autoridades federales, los sicarios iban por el secretario de Seguridad en el puerto, un capitán de la Marina de nombre Andrés Humberto Cano Ahuir, pero en el ataque estuvo a punto de ser alcanzada por las balas la alcaldesa de Guaymas, Karla Córdova, que hoy tiene que gobernar custodiada por un aparatoso cuerpo de seguridad fuertemente armado. La joven Marisol Cuadras, de 18 años, que participaba de una manifestación contra la violencia hacia las mujeres, fue asesinada.

 

En el segundo caso, además de ‘El Michoacano’, jefe de una célula criminal dedicada la huachicoleo, escaparon del penal otros ocho reos.

 

Los hechos no tienen que ver entre sí pero ayudan a configurar el mosaico de violencia que está pintando de sangre prácticamente todo el territorio nacional.

 

La escalada ciertamente no es nueva, pero los métodos que están utilizando los criminales organizados tendrían que encender todas las luces de alerta en el tablero de la seguridad nacional cuya titular, la periodista en receso Rosa Icela Rodríguez sigue insistiendo en la efectividad de la política de abrazos y no balazos.

 

Aunque no están relacionados uno con otro, los atentados en Guaymas y Tula tienen algo en común: fueron perpetrados contra instituciones del Estado mexicano al que evidentemente han perdido todo respeto, y contra funcionarios públicos en activo.

 

¿Cuál será el siguiente episodio? Imposible saberlo, pero no es difícil suponer que, una vez cruzada la línea de los atentados que si no son terroristas sí se parecen mucho, la desgracia se cierne ominosa e inminente, en cualquier parte del país.

 

Y una cosa es segura: no se van a detener llenando el zócalo capitalino para sublimar el culto a la personalidad.

 

II

 

En temas de la grilla local, cada vez están más cerca las fechas en que tanto el PAN como el PRI habrán de renovar sus dirigencias estatales.

 

En el blanquiazul la elección será el próximo domingo y hay dos contendientes: Gildardo Real y Humberto Souza; el primero ha logrado aglutinar a las cabezas de las principales corrientes del panismo, el segundo se asume como el candidato de las bases que nunca han ocupado los cargos de dirección en el partido y casi siempre son excluidos de las candidaturas.

 

Por el lado del tricolor son varios los apuntados y ya levantaron la mano Humberto Robles Pompa, mejor conocido como ‘El Buitre’; David Palafox, Rogelio Díaz Brown, Bulmaro Pacheco Moreno y Pascual Axel Soto, que está resultando la sorpresa y ha repuntado considerablemente a partir del acercamiento con la militancia organizada, liderazgos de organizaciones y en las colonias y municipios, así como varios ex gobernadores que le han manifestado su apoyo.

 

De acuerdo con los reportes que se desprenden de ese cabildeo, todo parece indicar que el rival a vencer es Pascual Soto y solo falta que se cumplan los tiempos que marca su partido para que asuma la dirigencia.

 

Desde luego, faltaría preguntar a otros contendientes su opinión al respecto, pero sobre todo, preguntarle a todos, tanto en el PRI como en el PAN, para qué quieren llegar a la dirigencia de sus respectivos partidos en un contexto que aparece tan complicado como el actual.

 

Por cierto, Pascual estará próximamente en los micrófonos de la Red 93.3 por donde ya han pasado varios de ellos, para que responda a esa y otras preguntas. Ya les avisaremos con tiempo para que se avituallen de sodas y palomitas porque trae mucho qué decir sobre el tema.

 

III

 

 

Vitamina pura para el presidente de la República la concentración de ayer en el zócalo capitalino. No hay sorpresa en que lo haya llenado; sorprende en todo caso por qué no lo había hecho antes sabiendo, como se sabe, que ese es su mero mole; el ambiente que le fascina, el escenario que mejor domina, el foro que le inflama el ego.

 

La multitud devota afianza la narrativa presidencial que machaconamente gira sobre las frases que se han convertido en mantras y siguen arrancando el aplauso del respetable pueblo bueno que se arremolina de nuevo en la plaza de armas para celebrar el tercer año de la asunción al poder de un presidente que vuelve a conseguir el objetivo: ser el centro de la opinión pública nacional.

 

Y vaya que lo consiguió, como siempre. Unos para refrendar su profesión de fe transformadora y su devoción cuasi religiosa; otros para recordar el catálogo de promesas incumplidas y evidenciar el acarreo descarado que ya no es acarreo sino apoyo para transporte. Desde luego, para tildarlo de irresponsable por congregar multitudes en el inicio de la cuarta ola del Covid19 y el descubrimiento de una nueva variable del virus.

 

Pero dígase lo que se diga, Andrés Manuel sigue siendo un fenómeno sociopolítico difícilmente equiparable a cualquier otro liderazgo en la historia moderna. Para regocijo de unos y derramamiento de bilis en otros.

 

No hubo hallazgos novedosos en su discurso pero no los necesita. De hecho el éxito de su narrativa reside en buena medida en la reiteración de sus mantras. Y en la propaganda monumental, la escenografía abigarrada que lo coloca al centro del universo y se viraliza en todos los medios, agigantando su figura y empequeñeciendo cualquier otra cosa, oposición incluida.

 

Al final, como en la canción de Serrat, volverá el pobre a su pobreza, el rico a su riqueza y el señor cura a su misa.

 

México.

 

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