Partidos en crisis

Arturo Soto Munguia /    2021-12-05
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La elección del nuevo dirigente estatal del PAN en Sonora no logró convocar ni a la mitad de sus afiliados.

 

De acuerdo a los resultados preliminares que circulaban anoche, acudieron a las urnas en todo el estado 3 mil 847 panistas, de un padrón que rebasa los ocho mil. Esta debe ser la primera llamada de atención para el nuevo dirigente, Gildardo Real Ramírez que, pese a haber superado a Humberto Souza por casi dos a uno, lo hizo con apenas el 47 por ciento de los panistas interesados en el proceso.

 

Real Ramírez ya adelantó que el primer paso como dirigente será ‘recuperar la confianza ciudadana y retomar el rumbo a partir de un ejercicio de autocrítica’, pero faltaría ver qué tan profunda sería ésta, ya que si en verdad se quiere ir a la raíz tendrían que evaluar seriamente el daño causado por el ejercicio de un pésimo gobierno que en seis años hizo crecer artificialmente al partido, pero al término de esa gestión se desinfló dramáticamente dejándolo en el puro cascajo.

 

Y eso no lo van a hacer nunca. A lo largo del proceso interno me tocó entrevistar tanto a Gildardo como a Humberto Souza y ninguno de los dos mostró un atisbo de crítica seria hacia el gobierno de Guillermo Padrés. Antes bien, se cuadraron ante el liderazgo del exgobernador y reconocieron el impacto de sus obras y acciones, señaladamente el Acueducto Independencia, el programa de uniformes escolares gratuitos y el de modernización educativa que, como se sabe, fueron las principales fuentes de corrupción y enriquecimiento inexplicable.

 

De hecho, el programa de uniformes escolares es el origen de uno de los expedientes por lavado de dinero que la FGR mantiene abierto contra Padrés.

 

Ni en sueños, sin embargo, Gildardo se atreverá a tocar siquiera con el pétalo de una crítica al ex gobernador y mucho menos pensar en un deslinde. A pesar de que el padrecismo se fragmentó y varios de sus personeros migraron a Morena desde antes de la elección 2018, muchos más se quedaron en el PAN y gravitan en el equipo de Gildardo; algunos más en el de Souza y no pocos tienen una posición ambivalente, con un pie en el blanquiazul y otro en Morena.

 

Así, la disyuntiva para la nueva dirigencia sería el ‘cómo’ recuperar la confianza ciudadana y relanzar el partido: si a partir del fortalecimiento de corrientes y personajes no tan vilipendiados por sus afinidades con el padrecismo, o a partir de la consolidación de lo que parece seguir siendo la corriente hegemónica en Sonora y que no se puede entender sin la presencia de Padrés.

 

Gildardo tampoco puede darse el lujo de excluir a los panistas que votaron por Humberto Souza y que fueron mil 431 (37.8%), algo que sin duda habrá de hacer bien, considerando que el ex diputado tiene buena mano zurda para la negociación política, como lo ha demostrado a su paso por la labor legislativa, la definición de candidaturas y señaladamente, en la integración de su planilla donde aparecen personajes de todas las corrientes internas, incluyendo a quien ha sido severo crítico de Guillermo Padrés: Ramón Corral Ávila.

 

En la planilla ganadora aparecen también Celina Aldana, Leticia Amparano, Ana María Gutiérrez, Clementina Elías, Everardo López, Dulce Robles, José Serrato y Karol Camou.

 

II

 

El diezmado padrón del PAN y su escasa convocatoria es la manifestación de una crisis en el partido que tiene sus reverberaciones en el plano nacional, pero no es el único instituto político que está pasando por malos momentos desde 2018.

 

El PRI estuvo a punto de perderlo todo en 2021 y no se ve cómo pueda recuperarse en el corto plazo. Carente de liderazgos y reducido a una cuarta o quinta fuerza electoral en el plano nacional, vive además una crisis de credibilidad que se agudiza con la sospecha de sus coqueteos esporádicos ya con el PAN, ya con Morena.

 

El PRD acaba de concluir su Congreso Nacional y uno de los acuerdos más importantes fue su redefinición como un partido de izquierda socialdemócrata, lo cual está bien para elaboraciones teóricas, pero en el Palo Verde y la Soli no suelen estar muy atentos a los corrimientos sobre el espectro político-ideológico-programático y la gente anda más ocupada en sus agendas urgentes y cotidianas.

 

Movimiento Ciudadano también tuvo su Congreso Nacional en el que se eligió -no podía saberse- a Dante Delgado Rannauro como su nuevo dirigente, pero eso no fue lo más notable en ese encuentro, sino el posicionamiento tajante de no buscar alianzas rumbo a la sucesión presidencial en 2024.

 

MC es quizás la fuerza emergente más importante en estos momentos, pero difícilmente le alcanzará para disputar seriamente la presidencia, aunque sí para ahuyentar la posibilidad de consolidar un frente opositor amplio, que por cierto tampoco parece viable desde la convocatoria del llamado Frente Cívico Nacional, en el que participan personajes de varios partidos opositores buscando ser el centro aglutinador de una candidatura.

 

En un escenario así Morena no tendría problemas para retener la presidencia en 2024 ya sea con Claudia Sheinbaum o con Marcelo Ebrard, a pesar de que no está exento de pugnas intestinas y en varios frentes comience a acusar el desgaste del ejercicio de gobierno, fenómeno que se puede agudizar en los próximos años.

 

Tiene a su favor el liderazgo indiscutible del presidente de la República que a su vez es factor de unificación en el partido y sus aliados, además del control casi absoluto del aparato de Estado y una mayoría legislativa que en los próximos dos años volverá a firmarle un cheque en blanco para el manejo discrecional y cada vez menos transparente del presupuesto público.

 

Recordemos que acaba de publicar un controvertido acuerdo para declarar de interés público y seguridad nacional los proyectos y obras de gobierno, lo que eximiría la obligación de rendir cuentas sobre los dineros públicos invertidos en esos rubros.

 

Así las cosas, la oposición tendría que hacer más, mucho más de lo que está haciendo hasta ahora, tanto hacia adentro como hacia afuera de sus organizaciones sociales y políticas, para minar la fuerza de un presidencialismo de partido casi único como el que estamos viviendo por estos días.

 

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