El Chisme y el mitote, dejen les cuento 

Miguel Ángel Avilés Castro /    2026-07-04
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Les cuento, acá entre nos, que hay palabras que usamos como si fueran sinónimos. Yo creo que no lo son. Al menos no desde la manera en que las entiendo.

Esto me lo comentó una amiga, pero me pidió que no se lo contara a nadie.

El chisme existe desde que los seres humanos descubrieron que hablar del ausente era más entretenido que resolver sus propios asuntos. Aunque durante mucho tiempo se le trató como un vicio menor, la antropología terminó aceptando la evidencia: autores como Max Gluckman y Robin Dunbar demostraron que el chisme no sólo divierte, también disciplina, fortalece alianzas y mantiene a las comunidades vigilándose unas a otras con admirable eficiencia.

Luego haré un censo para saber cuantos amigos o amigas disciplinados tengo yo.  

El mitote, en cambio, tuvo un origen mucho más respetable. La palabra proviene del náhuatl y nombraba danzas y ceremonias rituales antes de que el español mexicano la transformara en sinónimo de alboroto, escándalo o reunión donde todos opinan y nadie verifica nada. Quizá esa evolución sea la mejor metáfora de nuestra historia: convertir lo sagrado en espectáculo y el espectáculo en conversación interminable.

Sin embargo, para mí, el chisme y el mitote no pertenecen a la misma especie moral.

Es muy probable que, por enésima vez , este equivocado o que esté blasfemando con despreocupada desvergüenza frente a la lingüística, sociolingüística, antropología o etnografía . Muy probable.

Por eso dije " para mi " o sea, esto no lo dijo mi amiga pero es aquí dónde está el detalle, mis chatos pues yo puedo decir textualmente lo que ella dijo, ni mas ni menos, o decirles algo de lo que dijo, sacarlo de contexto y de paso agregarle algo insidioso, a la malagueña, con dolo, con tal de perjudicar a quien lo dijo inicialmente y enemistarlo con el nuevo interlocutor.

¿Para qué? la neta, no sé. Digamos que es para un placer individual o para dividir o causar daño a una amistad, pero solo especulo porque no lo sé.

Lo que sí sé es que entre chisme y mitote si hay una distinción. Bueno, al menos así lo aprecio yo, muy consciente de que no estoy revolucionando a la semántica ni quiero faltarle el respeto a la real academia española pero bueno, entiendan pues, que así lo veo yo.

Pero no me crean, déjenme contarles mejor de dos amigas de un amigo;

De la primera decían que no era muy buena gente, más bien era muy buena fuente: no había que le contarás que luego luego fuera a contarlo con quien primero se encontrara.

Hasta tomada aire y enseguida soltaba todo y ya se quedaba bien a gusto como quien vomita en una cruda o como quien, desde la boca del estómago, bota una moneda después de habérsela tragado.

Está bien. No le habrás de confiar nada, pero lo que fue y contó es a la letra. No alteró los hechos

En cambio, puede haber alguien- amiga o amigo - en este caso lo primero a quien en buen plan le cuentas algo o platicas algo o dialogas con esta sobre un tema público y privado, y lo haces con la confianza de que estas con alguien leal y garante de la confidencialidad y de pronto de su parte llega la puñalada trapera.

Quiero decir que no solo no es tan literal como la primera, sino que altera las cosas, las cuenta a su modo y de paso le pica cebolla al que la está escuchando, alguien que es amigo o amiga de esta y también de quien le confió algo.

No lo votaré aquí, lo siento, pero esto último es más reprobable que lo primero. 

Una falto a la confidencialidad. La otra también pero además a la verdad y puede que, a la amistad, algo, para mí, todavía más sagrado.

El chisme ya es reprobable. Consiste en romper la confidencialidad, en divulgar aquello que alguien contó en confianza o que simplemente no correspondía hacer público. 

El chismoso y en serio que no lo atenúo, agarra una historia y la pone a circular entre lo mas cercano a él o ahora en las redes sociales que es como agarrar un megáfono en el Coromuel de La Paz y se escucharán en el Congo Belga  . 

Me agarran la idea: comete una indiscreción que puede causar daño, aunque no siempre tenga la intención de provocarlo.

El mitote, en cambio, da un paso más. No se conforma con repetir la historia: la altera. Le agrega ingredientes, inventa motivos, exagera los hechos, cambia las intenciones de los protagonistas y, sobre todo, busca producir un efecto. 

El mitotero quiere sembrar la duda, provocar enemistades, crear intrigas o incendiar los ánimos. Si el chisme viola la discreción, el mitote fabrica incendios.

El chismoso necesita un secreto. El mitotero ni siquiera eso: le basta una sospecha.

Pensemos en un ejemplo.

Supongamos que le confío a un amigo que existe la posibilidad de que sea extraditado a Estados Unidos.Si ese amigo rompe mi confianza y se lo cuenta a otra persona, incurre en un chisme. Ya es suficientemente grave, porque traicionó una confidencia.

Pero si, además, asegura que me buscan en todo el mundo, que huyo de la justicia, que no me importa el país y que todo forma parte de un plan para desprestigiar a México, entonces dejó de ser un simple chismoso.

 Ya construyó un mitote. Tomó un hecho, lo deformó y le añadió una intención que jamás existió.

Sucede todos los días. 

Obvio, no en este país que es feliz, feliz,feliz pero no en otro, allá en Liliput que ni contrapesos ni medicinas tiene

Si un funcionario llega tarde a una reunión, el chismoso explica:

 "Llegó tarde."

La mitotera sentencia: "Llegó tarde porque ya está peleado con todos, mañana renuncia y el gobernador ya decidió sustituirlo."

Eso es capaz de afirmar cuando en realidad el que puede ser sustituido es ese gobernador _ de Liliput, claro, no otro.

Aclaro porque así se hacen los chismes y me meten en cada bronca que me hacen que sude agua sagrada.

Sigo en el pizarrón a fin de explicarles:

Si dos amigos dejan de hablarse, el chismoso dice: "Algo pasó entre ellos."

El mitotero ya escribió la novela completa: hubo traición, dinero de por medio, un tercero movió los hilos y la reconciliación es imposible.

Algo así.

Si un matrimonio discute, el chismoso cuenta que hubo una discusión.

El mitotero ya repartió los bienes, decidió quién se queda con los hijos y hasta fijó la fecha del divorcio.

Buscó además al papá y le soltó que esos hijos pueden que no sean de él y a la mamá le sembró la historia de que su ex es la reencarnación del Marqués de Sade.

Resumiendo:El chismoso transmite.El mitotero transforma. El primero rompe la reserva.El segundo rompe la realidad.

El chisme es literal. Ni le quita ni le pone . El mitote parafrasea a su gusto o como lo entiende o simplemente altera la verdad para quedar bien o para dejar mal parado a quien dijo algo pero esto ya no importa, sino la edición que se haya hecho mas la ponzoña verbal que le agregue.

Por eso creo que todavía existe una diferencia importante. Al chismoso se le puede reprochar su falta de discreción. Al mitotero hay que reclamarle algo más grave: su desprecio por la verdad.

Y hay un pormenor que casi nunca falla. El mitotero rara vez se presenta como provocador.

 Generalmente aparece disfrazado de persona bien informada o de amigo preocupado. 

Suele comenzar con frases como: "Yo no quería decir nada, pero...", "No me hagas caso, aunque dicen que..." o "Te lo cuento porque te estimo".  "Te lo diré pero que no salga de aquí"

Después de esas palabras suelen nacer pleitos, resentimientos y rupturas que jamás habrían existido sin su intervención.

Vivimos tiempos en los que el chisme es tan rápido como la velocidad de un mensaje y el mitote alcanza dimensiones de verdad porque alguien lo publicó, lo compartió o lo repitió suficientes ocasiones.

 Las redes sociales han convertido una vieja costumbre en una fábrica permanente de versiones, sospechas e intrigas.

Por eso insisto en la diferencia.

El chisme falta a la confidencialidad, nomas. El mitote falta a la verdad.

Y entre una indiscreción y una mentira fabricada hay una distancia enorme, aunque a veces ambas viajen por el mismo camino.

Esto me lo contó una amiga, tal cual.

Otra dijo que ....

Ay que pena

Prefiero que sea ella quien  cuente la verdad.

La suya o la mia pero que la cuente .

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