Sísifo en Palacio Nacional
Publicar en:
Muy grave lo ocurrido en Ciudad Obregón, donde fue detenido por la Guardia Nacional un agente activo de la Policía Municipal en posesión de droga, armas y chaleco antibalas; equipo de radiocomunicación y cargadores abastecidos, en un episodio más que documenta la crisis estructural de seguridad pública que tiene al menos un par de décadas haciendo aparecer al municipio de Cajeme en el ranking de ciudades más peligrosas no solo de México, sino ocasionalmente, del mundo.
La noticia no llega en el mejor momento. Llega justo cuando el gobierno norteamericano arrecia su ofensiva contra México con la presentación de su Estrategia Nacional de Control de Drogas 2026, que identifica a dos cárteles (el de Sinaloa y el Jalisco Nueva Generación) como organizaciones terroristas, además de clasificar el fentanilo como arma de destrucción masiva.
Esto no es solo narrativa. Redefine la política norteamericana en el combate al tráfico de drogas, abriendo la puerta al principio de extraterritorialidad con el que EEUU ha justificado la intervención militar en más de 80 países desde 1945, varios de ellos en América Latina: Guatemala, Cuba, Granada, Panamá, República Dominicana y Venezuela más recientemente.
El documento presentado ayer no solo pone en la mira al sicariato que anda echando bala por las calles de las ciudades, las carreteras y los pueblos mexicanos, también contempla bloquear cuentas bancarias, sancionar a instituciones financieras y perseguir el lavado de dinero, que involucra a la llamada ‘delincuencia de cuello blanco’.
La presidenta Claudia Sheinbaum ha dado sobradas muestras de que en su gobierno ha escalado el combate a esas ilícitas actividades y acreditado su voluntad de colaboración -sin subordinación, suele recalcar reiterativamente- desmantelando más de dos mil laboratorios clandestinos donde se procesan drogas duras, entregando criminales vía fast-track desde cárceles mexicanas a prisiones estadunidenses y disparando las cifras de aprehensiones, aseguramientos de armas, drogas, municiones y bienes muebles e inmuebles en manos de la delincuencia organizada.
Pero el gobierno gringo encabezado por Donald Trump, cuya popularidad se desliza en un tobogán de pronunciadas pendientes, parece estar cebado en la búsqueda de motivos para justificar sus ansias expansionistas y colonizadoras, una estrategia que a buena parte de la sociedad norteamericana parece simpatizarle, acaso porque refuerza en el imaginario colectivo nativista la idea de su país como titular de una patente de corzo para imponerse a cualquier otro, bajo sus reglas y condiciones.
No hay en esa lanzada trumpista tales cosas como la democratización de otros países o el combate al narcotráfico -que por cierto tiene en tierras norteamericanas el mercado más grande del mundo- sino la intención de apropiarse de las riquezas de esos países, cualesquiera que estas sean.
El caso de Venezuela es emblemático y el más a la mano. Trump estuvo -como se dice en tuiter- mame y mame y mame y mame y mame y mame con que su intención era acabar con la dictadura comunista, corrupta y narca de Nicolás Maduro, para terminar apresando al presidente venezolano, pero dejando intocadas las estructuras políticas y militares de su régimen y aceptando, finalmente, que su verdadera intención era tomar el control de la producción petrolera de ese país, que supera seis veces la de Estados Unidos.
Hace bien la presidenta Sheinbaum en apelar a la historia, a la raigambre patriótica de los mexicanos y mexicanas que han resistido y a veces ganado en batallas, como la del 5 de Mayo de 1862, en defensa de la soberanía y la dignidad nacional, pero hay gente que no le ayuda mucho.
La presidenta a veces parece a Sísifo, el personaje de la mitología griega condenado a empujar una pesadísima roca hacia la cima de una montaña, solo para verla rodar hacia abajo una y otra vez, en cada ocasión en que se acercaba al cumplimiento de su tarea.
Cada vez que la presidenta se acerca a la cima de la montaña, empujando la roca de su lucha contra el crimen organizado, no falta quien le agregue más peso a esa piedra, para hacerla rodar montaña abajo.
El caso del ‘narcopolicía’ de Cajeme es, en el contexto nacional, quizás uno menor, si se le compara con otros asuntos, como el del gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, el de Tamaulipas, Américo Villarreal o la de Baja California, Marina del Pilar Ávila, y otros tantos personajes de los sectores público y privado, que cotidianamente aportan su dosis de motivos para alimentar a la bestia.
Hacía rato que en Cajeme no se registraba un caso de alto impacto, como la detención de un agente municipal que ocupó un alto rango en la corporación como Comandante de Unidad, presuntamente involucrado con algún grupo criminal de los que operan en ese municipio.
Si le quieren ayudar a la presidenta, desde el más alto cargo hasta el mínimo espacio del poder público, tendrían que cuidar estos detalles. Eso de argumentar que el agente se encontraba fuera de servicio cuando fue apañado, y que se procederá hasta las últimas consecuencias caiga quien caiga, no ayuda mucho en el actual contexto.
II
Reveladora imagen la que circuló anoche en redes sociales. En ella aparecen el secretario de Gobierno, Adolfo Salazar Razo; la Jefa de Oficina del Ejecutivo, Paulina Ocaña Encinas; la Coordinadora del Sistema Estatal de Comunicación, Paloma Terán Villalobos; el secretario de Educación, Froylán Gámez y el secretario de Desarrollo Social, Fernando Rojo de la Vega.
Todos ellos seguros ocupantes de un recuadro en las boletas electorales para la elección 2027 desde la coalición gobernante en Sonora; todos ellos mencionados como aspirantes a la candidatura por el gobierno de Hermosillo.
El mensaje es claro: Unidad.
Un valor que nomás no aparece en la oposición, que sigue navegando en un mar de indefiniciones, en la posposición de decisiones y en la anemia de cuadros competitivos para la contienda.
Ahí se las dejo.
También me puedes seguir en X: @Chaposoto
Visita www.elzancudo.com.mx


Opiniones sobre ésta nota