EL CLUB DE LOS AUTOPROCLAMADOS

Miguel Ángel Avilés Castro /    2026-06-06
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Hay personas que, si uno les creyera la publicidad que se hacen a sí mismos con seguridad inaudita, deberían estar ya en proceso de canonización.

Pero más bien padecen esa enfermedad tan actual o contemporánea cuyo principal síntoma es la sustitución de la conducta por la etiqueta. Son como dice esa frase sobre la mujer del Cesar pero al revés: No hay que ser lo que afirmamos, para que esforzarse, más bien hay que parecerlo.

Ya no importa ser honesto, sino anunciarse honesto. No importa practicar una fe, sino posar junto al altar, tomarte una selfi y treparla a faceboock. No importa defender principios, sino usar el uniforme verbal de los principios. ¿Cuales? Los que en ese momento me convengan porque mañana es otro día y no se que nos pueda exigir la coyuntura.

Décadas atrás, por ejemplo, se ponía cara de rectitud y la solemnidad era una carta de presentación frente a la cámara. No obstante, ese que parecía ser todo, menos un canalla, a nombre de la paz social, reprimió contingentes, encarceló, incomunicó o despareció estudiantes o lideres campesinos o cuando menos perteneció a ese sexenio de poco dialogo y si mucho golpe.  Al paso del tiempo, ese mismo o mas de uno de esa época de pronto estaba ya al frente de una marcha o de un mitin o de un curul arremetiendo contra esos que se guarecían en palacio nacional en donde tantas veces estuvo planeando como arremeter contra estos con los que ahora se toma de la manita y a los que un día buscó como terminar con ellos.

Sí, así de paradójico todo: hagan de cuenta el padre Marcial como animador de una fiesta infantil o como director de un kínder; Agustin Lara compitiendo en halterofilia; Carlos Reynoso con la camiseta de Las Chivas, o Noroña grabando un comercial sobre un jabón de baño.

“¡Déjense venir con todo lo que tengan!”

Les cuento: Tuve una vecina que decía ser católica de hueso colorado. Hasta lo juraba. Lo sabíamos porque ella misma lo recordaba cada tercer día. Tocaba las campanas, organizaba rifas, se fotografiaba de cachetito con el párroco y ocupaba asiento preferente en cuanta procesión aparecía en el calendario litúrgico.

 Luego llegaba la vida diaria y descubríamos que la mujer y toda la familia era capaz de negarle un vaso de agua a un náufrago si éste no trae cambio para pagarle lo que costaba en la tienda de abarrotes que tenían, no te dispensaba un peso a nadie, aunque tuviera que feriarte un billete de a quinientos.

Pero eso sí: católica.

También existe el profesionista incorruptible. Suele anunciarlo él mismo. En ocasiones lo imprime en tarjetas de presentación, espectaculares o publicaciones en redes sociales donde aparece mirando al horizonte como quien acaba de redactar la Constitución.

Unos laureles al costado de su nombre y abajo un slogan seductor e irrebatible: " con la ley en la mano ". Es tan honesto que no puede sostener una conversación de cinco minutos sin mencionar su honestidad. Después resulta que cobra por debajo de la mesa, acomoda influencias, trafica favores o interpreta la ley con la flexibilidad de un acordeón norteño. Peor aún : un día fue detenido por  vender documentos falsos para sacar el pasaporte.

Pero eso sí: incorruptible se hacía llamar.

Abundan igualmente los ciudadanos cuya principal virtud consiste en recordar constantemente sus virtudes.

Es neta.

Tuve una amiga ...es más, aun la tengo y no perdía ocasión para jactarse de ello a sabiendas que todos sabíamos su trayectoria de deslealtades, puñaladas traperas y reprobables acciones para lucirse ella no sin antes haber pasado por encima de los que poquito antes juraba que eran sus grandes amigos.

Esa gente no trabaja para parecer honestos u honestas; trabajan para decir que son honestos o, claro, honestas porque aquí el tema de la paridad se cumple sin regateo.No buscan ser respetables; buscan que se les reconozca como respetables.Son una especie de pavos reales éticos que despliegan el plumaje de sus principios mientras esconden cuidadosamente las patas en el lodo.

Pero se lo dices y se ofenden.

También, como esa amiga, los hay leales. Al menos según ellos mismos. Hablan de amistad, compañerismo y gratitud con una pasión conmovedora. Luego cambian de bando con la facilidad de un camaleón que hubiera tomado un curso intensivo de oportunismo.

Algunos son más peligrosos que un neurocirujano con hipo. Otros poseen la confiabilidad de un alacrán escondido dentro de una bota vaquera. Y unos cuantos tienen la firmeza moral de una gelatina durante un terremoto.

La política, por supuesto, elevó esta costumbre a la categoría de arte.No sé que fue primero. De lo privado se fue a lo público o de aquí a lo privado. Como el huevo y la gallina, pero hasta acá nos trajo el rio.

"Nosotros, los de izquierda”, dicen algunos (en otro país, claro, no en México) . “Siempre he sido de izquierda”, pregona.

Y todos esperamos encontrar una vida dedicada a combatir privilegios, defender causas sociales o cuestionar abusos de poder.Las encuentras...mientras no son poder 

Pero luego los descubres aplaudiendo cacicazgos, justificando excesos, cerrando los ojos ante abusos propios, haciéndole piojito a tu adversario que encabezó aquel gran fraude o esa represión atroz pues hoy es aliado y no hay que olvidar que “se ve y se siente, la crítica esta presente “ pero únicamente cuando los afectados pertenecen al equipo contrario.

La justicia les apasiona mientras no involucre a sus amigos. La democracia les parece maravillosa siempre que gane su bando.

Votemos o decidamos todos ...nomás no se metan con esta verticalidad o esta jerarquía donde la última voz que decide, es la que se escuchó allá arriba y la pleitesía y el culto a la personalidad no pueden esperar.

Los contrapesos son indispensables hasta que estorban.

 Por supuesto que hay que exigir rendición de cuentas y  finanzas sanas …pero cuando no me toque a mi cumplir pues entonces estarán mas maquilladas que la cara de Alito Moreno.

El feminismo es el movimiento político, social, académico y cultural más auténtico y transformador de conciencias en la actualidad. Es, sin duda, una bandera irrenunciable. Por eso enorgullece el ser y decirlo, pero sobre todo practicarlo. Nomás no exageren ni me obliguen a confrontar a un compañero de partido o a mi máximo líder si revictimiza a un par de mujeres llevándolas a la cárcel, luego de haber vivido la perdida de un menor, familiar de ellas ni tampoco a contradecir discursos sobre la familia que son mas conservadores que el Benzoato de sodio

La libertad de expresión es sagrada, excepto cuando alguien opina distinto.

Y así sucesivamente.

Y ya entrados, están también los que se sienten galanes de telenovela. Se miran al espejo y creen ver a Fernando Colunga, cuando la realidad les devuelve algo más cercano a César Bono recién levantado. Lo mismo ocurre con ciertos iluminados que se consideran una mezcla de Carlos Fuentes y Albert Einstein, aunque después de escucharlos cinco minutos uno concluye que su principal talento intelectual consiste en creer que son inteligentes aunque cada vez que abren la boca hacen que el analfabetismo parezca una postura académica.

Lo curioso es que casi nunca escuchamos a las personas efectivamente valiosas anunciarse como tales.

El maestro que lleva treinta años formando generaciones rara vez presume ser un héroe de la educación.La enfermera que trabaja jornadas imposibles no suele proclamarse ejemplo de entrega.El comerciante que jamás roba un centavo difícilmente publica cada mañana una fotografía recordándole al mundo su honradez.

La gente decente suele estar demasiado ocupada siendo decente para organizar campañas de mercadotecnia sobre su propia decencia.Quizá porque las virtudes funcionan como el perfume: cuando hay que vaciarse la botella encima para que todos la noten, generalmente es porque algo se intenta ocultar.

Al final, las personas son como las monedas. Las auténticas no necesitan anunciar que son de curso legal. Las falsas, en cambio, pasan la vida golpeándose contra la mesa para convencer a todos de que suenan igual.

Son  tiempos donde cualquiera puede autoproclamarse santo, demócrata, feminista, patriota, científico , filántropo, progresista, humanista incorruptible, simpático, goleador , generoso, pero la verdadera rebeldía consiste en demostrarlo. 

Esto de los autoproclamados ya me hizo recordar aquellos tiempos en el Centro de Readaptación Social- trabajando, claro está- cuando el noventa por ciento de los que llegaban juraban que eran inocentes y era válido pues al respecto, actualmente hasta un principio hay.

Pero luego veíamos el expediente con las pruebas y a más de uno, le demostraban lo contrario, siempre con irrefutables evidencias.

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